Algunas enfermedades tienen una incidencia notable en sus cuidadores. El alzhéimer es una de las más duras. 

El cuidador asume una gran cantidad de tareas a la hora de atender a un enfermo, desde el aseo, el vestido, la comida, hasta el acompañamiento, etc. Cuando hablamos del cuidado de una persona con alzhéimer, además, se añade una gran carga emocional a esta tarea.

Según datos emitidos por organizaciones especializadas en esta enfermedad, un 70% de los cuidadores no profesionales son susceptibles de padecer trastornos fisiológicos y orgánicos relacionados con problemas musculares, cardiovasculares, respiratorios o gastrointestinales.

Además, la dedicación intensiva de forma no profesional al cuidado de personas que padecen alzhéimer desemboca en muchas ocasiones en problemas para conciliar el sueño, dificultades para relacionarse socialmente y en familia o incluso, deriva en el abandono del cuidado personal, la alimentación o el tiempo libre y los intereses personales del cuidador.

Los enfermos de alzhéimer necesitan una atención muy concreta, ya que además de necesitar la misma asistencia física en el día a día que otras personas mayores, se suman las características que conlleva esta enfermedad: la pérdida de memoria, la escasa comunicación, la dificultad identificar objetos, la pérdida de interés o los cambios bruscos de humor.

Como consecuencia de esta tarea y la sobrecarga que conlleva muchos cuidadores comienzan a recortar su autonomía haciendo que su rutina sea la extensión de la del enfermo y dejan de reservarse momentos en los que poder relajarse, en los que cuidarse a si mismos o en la realización de otras actividades.

Para anticiparse y prevenir esta situación, existen señales de alarma que debemos saber reconocer para poner remedio cuanto antes. El cuidador a menudo se siente estresado, se vuelve irritable, se le nota cansado, se frustra fácilmente, no consigue descansar, etc. Puede experimentar también la pérdida de ganas de relacionarse con otras personas e incluso acercarse a los síntomas depresivos.

Saber gestionar toda la carga que supone el cuidado de una persona enferma es difícil, aunque hay algunas recomendaciones que ayudan: mantenerse motivado e incluso felicitarse por todo lo bueno que se está haciendo; no centrarse solamente en lo malo; asegurarse un rato de descanso lejos del paciente y aprovecharlo al máximo; descansar bien, relacionarse con gente y llevar una buena alimentación son primordiales para una buena salud física y mental del cuidador. Además, acudir a profesionales tanto del ámbito de la psicología y del cuidado es siempre una buena opción.

Compartir
Tweet about this on TwitterShare on Facebook0