Los cuidadores que no han escogido este rol como su profesión, sino que se han visto inmersos en este papel por diversas causas, suelen sentirse solos y plantearse muchas dudas que conviene solventar para evitar que caigan sufran ansiedad, depresión u otro tipo de problemas de salud mental. 

En el caso de las enfermedades crónicas o degenerativas como el Azlhéimer, es muy complicado para el cuidador saber que el enfermo no va a curarse y que los cuidados simplemente sirven para aminorar los síntomas o mejorar su calidad de vida.

Estas enfermedades requieren una atención continua por parte del cuidador, que ve cómo su tiempo libre o sus momentos de descanso quedan relegados a un segundo plano.

Es importante que el cuidador tenga en cuenta ciertas pautas y comportamientos que harán que mejoren tanto su calidad de vida como la atención que proporciona al enfermo:

  • Expresar los sentimientos y emociones: Durante el proceso de cuidado, surgen momentos de ansiedad, estrés, desmotivación y otros muchos estados de ánimo que es esencial compartir. Hablar con el resto de la familia y amigos, será muy positivo.
  • Conocer las propias limitaciones: Es imposible estar al 100% y brindar un cuidado perfecto a la persona enferma. El cuidador no tiene que desatender el resto de aspectos de su vida, ya que esto puede conducir a problemas de depresión o ansiedad.
  • Plantearse objetivos realizables: El cuidador tiene que ser consciente de la enfermedad que sufre la persona a su cargo y no ponerse objetivos imposibles para no sentirse frustrado.
  • Saber pedir ayuda: Es normal sentir que uno está sobrepasado. En estos casos, hay que pedir ayuda, ya sea a otros familiares o a un cuidador profesional.

Al fin y al cabo, la calidad de vida de ambas personas es lo más importante y no debemos dejarlas a un lado.

 

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