Los factores que nos rodean pueden influir en el sabor de los alimentos. Muchas veces nos centramos solamente en lo que comemos y no en cómo lo comemos. Si bien es cierto que lo esencial es llevar una dieta sana y equilibrada para tener una vida saludable, no debemos dejar de lado otros aspectos que pueden influir en que disfrutemos una comida con los cinco sentidos.

El ambiente

Crear un ambiente propicio ayuda a que comamos de un modo más relajado. El ruido o el entorno influyen en lo a gusto que puedas degustar un plato. Y es que no es lo mismo comer en un lugar ordenado, con la mesa bien puesta y con los platos limpios, que en un lugar sucio, en la calle o donde haya mucho ruido. Sentirse cómodo en el sitio donde se come es muy importante.

Los colores

El color de la comida y de los platos contribuye a que comamos de forma más o menos agradable, el aspecto visual está relacionado con la aceptación o no de los productos que vamos a ingerir. La comida debe tener el color apropiado, un trozo de carne negro, por muy hecha que te guste la carne, no ayuda a degustarla con satisfacción. Por otro lado, el contraste del plato con la comida hace que la percibamos de manera diferente. Consejo: utiliza platos blancos y resaltarás sin darte cuenta el sabor de tus comidas.

Las emociones

Al comer, al igual que sucede con el sentido del olfato, generamos una memoria emotiva, que puede asociarse a ideas positivas o negativas, y que indudablemente influye en cómo saboreamos los platos. ¿Es una comida de tu infancia realmente buena o solo te sabe así por lo que te hace recordar? No podemos obviar que la comida tiene un poder especial, te hace viajar en el tiempo.

En este proceso no solamente intervienen los recuerdos que suscitan las emociones, el estado de ánimo puede estar relacionado con el sabor que percibes al comer diversos alimentos. Un estudio realizado por la Universidad de Granada junto con la Pontificia Universidad Católica de Argentina afirma que los estados psicológicos modifican el sabor de los alimentos y provocan que la comida pueda saber más amarga o más dulce. Por ejemplo, en situaciones de estrés la aversión al sabor amargo del café se reduce o la preocupación por el peso corporal hace que rechaces el sabor a chocolate más de lo habitual.

A partir de ahora, teniendo en cuenta estos consejos y curiosidades, podréis disfrutar mucho más a la hora de preparar la comida y, sobre todo, de comerla… ¡Buen provecho!

 

 

 

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